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Thursday, January 13, 2011

A PROPÓSITO DEL FIN DE MALPASO


La cerveza del pescador Schiltigheim




Para que bebamos la rubia cerveza del viejo pescador Schiltigheim,
Para que amemos Carcassonne y Chartres, Chicago y Quebec,
torres y puertos.
Los blancos molinos harineros y la luz de las altas ventanas de la noche
encendidas para los hombres de frac y para los ladrones.
Y las islas en donde los Kanakas comen plátanos fritos
y bajo las palmeras entre ágiles mulatas suenan los ukeleles.
Islas, dije, las islas, soles rojos, platillos para Darius Milhaud.
¡Tener un corazón ligero! Vale decir amar a todas las mujeres bellas,
Y una moral ligera, vale decir andar con gitanos alegres
y dormir en un puerto un ocaso cualquiera y en otro puerto y otro
y andar con suavidad y con desenvoltura de fumador de opio.
Para que a cada paso un paisaje o una emoción o una contrariedad
nos reconcilien con la vida pequeña y su muerte pequeña.
Para que un día nos queden unos cuantos recuerdos: decir, estuve,
estuve en tal pasión, en tal recodo. Estuve, por ejemplo,
en la feria de Aubervilliers una mañana, con un trozo de asado,
una amistad tranquila, la mesa clara, el perro, el buen hablar
y afuera, las verduleras de París chapoteando con los zuecos en la nieve.


Para que bebamos la rubia cerveza del viejo pescador Schiltingheim
es necesario no asustarse de partir y volver, camaradas, estamos
en una encrucijada de caminos que parten y caminos que vuelven.


Ráúl González Tuñón

Saturday, September 15, 2007

Textos de Marco




Nada, eso, unos textos que Marco Tortarolo tenía por ahí, y los secuestramos. ¡Salud!



Más seco que el último pedazo de asado olvidado en la parrilla
del 31 de diciembre.
Sin ganas de cumplir con mis obligaciones.
Con ganas de darle a la pereza un mejor lugar.
Ni triste ni alegre, ni nada,
apenas ansioso o aburrido.
Pudriéndome a buen ritmo como un pescado al sol.
Tenía pensado contar una historia: la de la mujer más hermosa
del mundo y de cómo fue raptada por agentes del servicio secreto Norcoreano que se la llevaron en un submarino nuclear y nadie más supo de ella.
La joven que fue mi novia adolescente y se perdió para siempre
bajo el mar.
Pero hoy no estoy de humor para historias.
Tengo sueño, hambre y calor.
No quiero ni pensar en aquellos malditos coreanos.


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Poeta sutil ¿dónde te fuiste?
Te ves en las reuniones donde amables y elegantes damas
discurren sobre Artes y Letras. Que bien.
Poeta sutil, reuniones donde viejas chetas hablan de Rimbaud,
hablan de Maldoror, hablan de Maldoror.
Hablan viejas chetas literatas, hablan de Lautreamont.
Y se horrorizan y se compadecen de la actual degradación del lenguaje.
Poeta sutil, le pido a Dios que exista el cielo,
solo para que exista el infierno, para que entonces,
cuando caigan esas viejas chetas literatas que hablan de Maldoror,
Maldoror les rompa el orto de aquí a la eternidad.
Amén.


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Cae la cáscara roja, podrida, de la tarde. Se hunde la moneda de fuego
en la espuma de la cañada y en las pupilas de los pendejos que fuman su mierda puntualmente en la esquina. Los ranchos, la tierra, la cumbia, los gritos. Un centenar de ruedas huyen cuando el semáforo arranca el último diente de oro del domingo muerto. Un tonto busca pelea, pegarle a un tipo, arreglar no sé qué asunto, demostrar su fuerza, verificarse macho. El otro teme, prefiere evitar.
Perros aúllan, gruñen y se muestran colmillos.
Anciano de bastón putea y escupe, el cielo putea y escupe,
un trueno y un relámpago. Un centenar de ruedas huyendo a una guiñada del semáforo. Todos los coches son lindos. Cualquier coche es mejor que ninguno. Pasan por nuestros ojos, dejan atrás la pollerita roja de puta hambrienta adolescente enferma de pasta base que se para al borde de la ruta y se trabaja camioneros. Lleva una marca en la frente: 666, recortada su silueta sobre carteles de neón con grandes letras rojas que gritan:
DESAMPARO Y DESOLACIÓN” “SOLO JESÚS SALVA Y SANA” “DESAMPARO Y DESOLACIÓN”.
Pasan montañas de basura en carros y camiones a levantar bien alto un nuevo Gólgota disponible para cualquiera que se descuide.
El peleador insiste y tira un golpe. El otro se defiende y ataca y conoce su propia fuerza y ya no teme.
Música de las ventanas de los autos, frenadas y motos que arrancan cuando el semáforo cambia de rojo a verde y los limpiavidrios vuelven al cantero con el balde, con la madrecita con el bebé, con la moneda de fuego que se hunde a cada segundo un poco más.
Y el estúpido pendenciero que recibió unas cuantas trompadas
se arrincona gimiendo, cuando el viejo del bastón hace un gesto tan claro y tan lúcido, tan elocuente, que todo el mundo entiende que eso está terminado.
La noche apaga las últimas brasas que cocinaron la carne de la tarde.
¿Cuántos televisores a todo volumen se precisan para acallar el llanto de las mujeres y los hijos de nuestro ejército de fantasmas borrachos?
Lentos ciclistas se deslizan por el filo de cuchillo de la ruta.
Y la lluvia, su trabajo de limpieza, vuelve a empezar.


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Mientras espero lo que hago es
Frotar mi pesimismo contra los labios del hielo,
Invocando el nombre imposible
De una mariposa con las alas empapadas en whisky.

Si alguien preguntara por algún tipo de justificación
¿Qué dirías?
Lo mejor sería decir que nada de eso te hace falta:
A cagar.
O decir por ejemplo, la noche está estrellada
Y tu concha me justifica plenamente.
Ella me llama y voy.
Aunque el infierno haya puesto una legión de presagios
Llamando por cobrar.
Si estás con una reina no podés atender el teléfono.
No podés.


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Hoy es domingo.
Compré vino, cigarros, sardinas, tomates, galletas.
Ella está en casa.
Cogemos de noche, cogemos de mañana,
cogeremos de tarde sin duda.
Y a dormir y después iremos al cine. Capaz.
Salgo del almacén de los gorditos y en la esquina un chico me habla:
“Es más lindo usted” eso dice.
Sonrío y sigo caminando.
Debe ser por los lentes.

Sunday, April 23, 2006

MARTES, 18 DE ABRIL DE 2006

No tengo nada que decir amigo, solo hacer mi trabajo, unas cuantas canciones que unas cuantas personas escucharán alguna vez.
No tengo opinión sobre esto o aquello, todos los uruguayos tienen una opinión para todo, una solución posible casi para cualquier cosa.
Me regalaron un calefón. Eso está muy bien. Pronto también voy a tener estufa, según parece antes de que llegue lo más duro del invierno.
¿Vós querés que opine sobre arte, política o sociedad?
¿Quizá relaciones entre estética y ética?
En mi barrio se cagan a tiros noche por medio.
García Lorca sigue siendo el mejor.
Me gusta el vino, me gusta el tabaco, me gusta mi mujer.
Probablemente Nick Cave sea el más grande poeta contemporáneo vivo.
Me llevaron al cine. Eso fue bueno, aunque en la cola había demasiados conocidos.
Tengo 35, hace 19 años que estoy tocando rock, si bien algunas personas de agudo criterio opinan que lo que hacemos ahora difícilmente podría llamarse rock.
De cualquier modo cuando cumpla 20 años en el negocio vamos a hacer un megarecital en el Estadio Centenario.
Mi hijo quiere una guitarra eléctrica. Eso está bien.
Yo necesito zapatos nuevos.
No tengo heladera, no tengo teléfono, no tengo tele.
Eso no tiene la menor importancia.
Quizá esperás que opine sobre el trabajo de otros músicos, eso no sería en absoluto elegante.
Cuando tenía 15 años fui a un concierto de Sumo.
Esa fue una de las experiencias estéticas más poderosas que pude vivir.
Últimamente no voy mucho a conciertos.
Escuché el disco “La llorona” de una joven llamada Lhasa. Me gustó.
El lugar de la poesía es la canción, antes y después del libro, si bien como habrás notado, toda esta cháchara no deja de ser un bello poema.
Mi libro se perdió, el original en un disket que se rompió y dos copias en papel que se fueron al carajo sin corregir. Después lo corregí y se perdió y ahora que nadie va a leerlo nunca, puedo decir tranquilamente que no estaba tan mal.
Se llamaba “corazón de puta”.
Eso tampoco tiene la menor importancia.
Wallace Stevens, Edward Cummings, Edgar Lee Masters:
Sí, Sí y Sí.
Cuando volví del Amazonas me traje un papagayo que repetía una sola palabra en idioma aborigen. Yo no sabía qué significaba su única palabra que aquí no voy a intentar reproducir, hasta que pude por casualidad consultar a una antropóloga brasilera de nombre Lucía Fernanda. Ella a su vez hizo unas averiguaciones y me dijo que era muy probable que lo que mi papagayo repetía, proviniera de una antigua lengua Caribe y que se podría traducir más o menos como: “Moriremos”.
Al tiempo Minerva, la gata de mi hija, asesinó al pobre pajarraco.
Saca tus propias conclusiones.
Realmente no sé qué carajo querés que escriba, queda en evidencia que no tengo mucho para decir.
Un abrazo
Marco T.